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El vino y la verdad. "In vino veritas". Proverbios sobre el vino en la poética griega de Alceo





Este proverbio latino que significa "En el vino está la verdad", fue divulgado a través de Naturalis historia 14, 141 una auténtica enciclopedia de la época compuesta por más de 160 volúmenes. Fue escrita por el naturalista romano Plinio "El Viejo" y casi acabada un par de años antes de su muerte al acercarse a observar la erupción del volcán napolitano del Monte Vesubio un 24 de agosto del año 79 d. C. 
Alceo de Mitilene
(Fuente: Biblioteca Augustana)

El origen del verso "In vino veritas" no es latino, sino que debemos buscarlo en un poeta griego llamado Alceo de Mitilene en torno al 600 a. C. por lo tanto tiene más de 2600 años la cita y, mediterráneos o no, la alocución y el propio vino que bebemos sigue teniendo plena actualidad.

Safo y Alceo de Lawrence Alma-Tadema

Alceo de Mitilene era oriundo de la isla de Lesbos y coetáneo de la inigualable Safo, es considerado uno de los grandes poetas de la época Arcaica. Aristarco de Samotracia lo considera el segundo de los nueve poetas líricos canónicos.

Para hacerse una idea de quien fue Aristarco de Samotracia explicaremos que es uno de los eruditos más importantes del siglo III a. C. y director de la famosa Biblioteca de Alejandría pocos años después de que otro Aristarco, éste de Samos, enunciara por primera vez la teoría heliocéntrica del Sistema Solar; unos 1500 años antes de que Galileo se esforzara en convencernos de lo mismo y sino se llega a retractar acaba en una hoguera.

 Además otro magistral poeta de la antigüedad, Horacio lo estima como su gran modelo. Y seguramente de las traducciones de Horacio sobre Alceo es donde Plinio "El Viejo" aprendería el proverbio que en griego sería «Ἐν οἴνῳ ἀλήθεια» [En el vino está la verdad].

Otra de esas famosas citas que podemos atribuir a Alceo es la que dice "Oἶνος, ὦ φίλε παῖ, καὶ ἀλάθεα… [El vino, joven amigo, y la verdad] que ha acabado llegando a nuestros días como "Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad".

O una más en la misma línea: "Oἶνος γὰρ ἀνθρώπω δίοπτρον." [El vino es el espejo del hombre].

El contexto social de esta legitimación para beber se encuentra en los "simposia" (qué significa "beber juntos") o banquetes. Auténticas fiestas de celebración, los motivos eran igual que los nuestros, ante una fiesta familiar o de la ciudad. Por un concurso de atletas o de poetas, etcétera.

Eran auténticas reuniones sociales en las que los comensales se reunían para comer o tomar algo ligero y para beber en una sobremesa con postres a base de fruta seca o fresca, dulces, habas o garbanzos tostados, en la que se asistía a todo tipo de distracciones, donde destacaban las musicales, las danzas y en ocasiones las Hetairas

Como nos cuentan en un artículo de campodocs.com sobre Alceo y el vino:
De acuerdo con el gramático Ateneo, Alceo hizo de cada ocasión una excusa para beber y que nos ha proporcionado en la posteridad varias citas como prueba de ello. Alceo exhorta a sus amigos a beber en la celebración de la muerte de un tirano, a beber lejos de sus penas, a beber porque la vida es corta y en la línea de vino veritas, de beber a través de las tormentas de invierno y de beber a través del calor del verano. El último poema de hecho parafrasea versos de Hesíodo, y refunde de Esculapio metros y dialecto eólico. 
Uno de esos poemas maravillosos de Alceo:
᾽Ύει μὲν ὀ Ζεῦς, ἐκ δ᾽ ὀράνω μέγας
χείμων, πεπάγαισιν δ᾽ ὐδάτων ρόαι
. . . . . . . . . . . . ς ἔνθεν . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


κάββαλλε τὸν χείμων᾽ ἐπὶ μὲν τίθεις
πῦρ, ἐν δὲ κέρναις οἶνον ἀφειδέως
μέλιχρον, αὐτὰρ ἀμφὶ κόρσαι
μόλθακον ἀμφι<βάλων> γνόφαλλον
Sus lluvias Zeus envía, y en negra tempestad se enturbia el cielo. Creciendo en demasía van los arroyos inundando el suelo, y el perezoso invierno viene ceñido de rigor eterno. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
 Mas tú, encendiendo el fuego, vierte y derrama en abundancia el vino, sabroso y dulce, luego: y dale, entre otros mil, dale el destino, de regar la cabeza; y el tierno bozo, que apuntar empieza.

Chema García

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