Ads 468x60px

Push your language´s flag to translate this website

Catalá Galego Português English French German Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

Canto de sirenas de un mundo cercano II





La embarcación miró hacia el horizonte, como si tuviera puesta la vista fija en un punto, como el bóvido bravo que rasca con sus patas la tierra antes de realizar la acometida. Entre ligeras vibraciones de todos y cada uno de sus puntos, la barcaza comenzó a emerger de las aguas, de los rumores del viento, a desafiar a una naturaleza aparentemente imposible de ir en su contra.
Tras pronunciar su hechizo y con aquellos hombres a punto de darle alcance en el embarcadero, la popa se encabritó, como enfadándose con el mundo, flotando en el aire y manteniéndose a escasos centímetros de la superficie del lago.
Dagda salió de su ensimismamiento de golpe al escuchar el silbido de algunos proyectiles arrojados contra su persona. Las aguas se rompieron por el sonido de algunos humanos que se lanzaron y ya nadaban con la intención inquietante de impedir tan sorprendente e inesperado viaje, cuando el más ágil de ellos estaba a punto de asir la popa para introducirse en el esquife, éste aumentó las vibraciones hasta tal punto que Dagda tuvo que apretar los dientes y sujetarse con fuerza a lo que más a mano tuvo.
De pronto se sintió constreñido, le costaba hasta respirar, y de forma natural intentó toser para que sus alveolos pudieran conseguir un poco de oxígeno puro que llevar a sus células, y por fin lo consiguió. Al hacerlo expelió una pequeña burbuja, similar a una perla pero que alimentada por el contacto con el exterior o quien sabe por qué, la cuestión es que crecía y crecía hasta ocupar toda la barcaza, incluyéndolo a él. Lo más curioso de la nueva situación era que al inspirar aire en sus pulmones había una extraña conexión con la perla de paredes transparentes que ya envolvía la barca como una crisálida envuelve a una oruga antes de su metamorfosis.
Un sonido ensordecedor lo inundaba todo, gritos de personas luchando por sobrevivir, por defender a sus seres queridos, el crepitar del fuego en aquellas casas con sus techos paja, las órdenes de los invasores, para evitar que nadie se escapara y entre medias, allí se encontraba Dagda entre vibraciones, sonidos exteriores y crujidos de la propia madera, el bote arrastrado por una fuerza descomunal e imprevista salió expelido con suma velocidad, tal que obnubilado por el acontecer perdió el sentido.
Horas después se despertó sintiendo que todo había sido una pesadilla, sus manos inconscientemente tapaban sus ojos. No quería abrirlos por miedo a que fuese real, todo fue tan innegable, ten inesperado. Tras tranquilizarse entornó los párpados, había surcado los cielos y “más veloz que el viento…” había atravesado innumerables capas invisibles pero de cambios térmicos enormes. Al final y con innumerables sacudidas había alcanzado un lugar misterioso, oscuro, frío pero de una belleza incalculable. El tránsito era una tranquila noche y la barcaza continuaba con su periplo, rumbo fijo hacia lo desconocido, con lejanas y brillantes galaxias y estrellas.
Después de la euforia inicial por tanta adrenalina acumulada, y el sobrecogimiento al comprobar que aún existía y se encontraba sin un rasguño, escudriñó cuanto se encontró a su alrededor, entre semejante hazaña tan reciente y el maravilloso plantel de estrellas como paisaje, su entreabierta boca era incapaz de cerrarse. Se encontraba en un lugar que nunca soñó y respiraba un poco pesadamente desde que la perla ahora apenas perceptible, por su transparencia, se había hecho con la nave. Dagda era consciente de una nueva e insólita situación por afrontar.
Dejaba atrás amigos, seres queridos y duras batallas generadas por una breve pero interminable guerra. Su gesto sereno, proporcionado por una mandíbula fuertemente marcada, unos prominentes pómulos y un recio titilar en sus ojos enmascaraba el carácter de un afable y bondadoso Dagda de otrora, tiempo atrás.
Amante de la paz, sólo aquellas circunstancias desesperadas, sacaron a la luz a un audaz superviviente, que nada pudo hacer para evitar la destrucción de su aldea. En el macilento transcurrir de su inmortal vida, jamás pudo imaginar su actual destino. No podía volver atrás, un destierro improvisado le alejaba de su pueblo y del mundo que le vio nacer.
La rabia le comenzó a invadir y tras largas horas, a corroer. En el interior de su mente sólo existía un único compañero para compartir la alegría de haber sobrevivido, la nostalgia de quien sabe que sus recuerdos son lo que ha quedado de su forma de vida y todo lo aprendido hasta ahora. Y ese no era otro que la inexorable soledad.
Un escudo invisible de diminutas partículas tenuemente resplandecientes lo envolvía todo. Era difícil de atravesar sin que Dagda no lo apreciara en su propia piel. Una membrana tan fina que le permitía observar el magnífico escenario en el que flotan los planetas y se enfadan las estrellas rugiendo con tormentosas manchas solares, con el ir y venir de una luz. Una luz hermosa, pero él, prefería el espectro luminoso reflejado en el lago de su infancia, visto desde la orilla de su aldea.
La guerra, la maldita guerra, había finalizado y su pueblo, derrotado por el camino de las armas sólo podía enorgullecerse de su carácter. De la fuerza del espíritu, algo que sus enemigos nunca podrían medrar.
Su tierra había sido invadida y ni la magia, ni la sabiduría milenaria, ni los escasos ejércitos pudieron contener por más tiempo ese despiadado ataque de los pueblos mortales.
- ¿Quienes son los pueblos mortales? -.- Ssssssh, silencio -.- Sigue, por favor -.
- Bien, continuo… -.
Los humanos cuando tomaron contacto con los Tuatha, el pueblo de Dagda, enmascararon sus verdaderas intenciones repletas de infamia y de malas artes, un no respetar las reglas del juego que durante tantas lunas su gente se había encargado de fomentar.
Los mortales, eran una increíble y numerosa raza. Tantos hombres, incomprensiblemente, se habían dejado arrastrar por unos pocos dementes que los habían lanzado en masa a tratar de extinguir un pueblo por el mero miedo a lo diferente, a lo desconocido.
En vez de acercarse a contemplar y aprender de aquella maravillosa e inusual cultura para su propio beneficio, decidieron por soberbia aniquilarla para que no les hiciera sombra en su magnífica expansión.
Una colonización basada en el prestigio social, en el desarrollo tecnológico encaminado a una mejora bélica, y en el sometimiento de los que se encontraran a su paso. Para demostrar quien podía más, para ello obviaban las emociones y valoraban la competencia como una auténtica virtud a elogiar entre los suyos.
Una supervivencia llevada al extremo que desaparecería cuando ya no tuviesen a quien enfrentarse u otros más violentos y eficaces que ellos conseguirían su capitulación y posterior remate.
Los humanos lograron dar con su punto débil, la bondad, el amor, la ingenuidad de la solidaridad y ese gusto por percibir al resto de los seres vivos y en especial a los dotados de alma cómo seres que deben convivir en paz y armonía.
Con tretas y viles argucias lograron engañar a muchos Tuatha y poner a unos en el punto de mira de los otros. Cuando los inmortales no conocían la envidia, la mentira y se aprovecharon hasta conseguir una intestina guerra civil, en la que únicamente aparecieron para dar el golpe de gracia.
Algunos llevarían marcado el hierro de las lanzas de los Tuatha Dé Danann. Cuando ya no había remedio, cuando comenzó una auténtica matanza sin compasión de su pueblo, de su gente y de sus seres queridos.

(Continuará…)


Chema García Sáez


Safe Creative #1005216358678



Canto de sirenas de un mundo cercano I





Canto de sirenas de un mundo cercano
I
Destellos de brillo tenue envolvían a una barcaza creando una atmósfera respirable en su interior. Susurraban un halo mágico producto de un encantamiento que había dispuesto a un pequeño esquife surcar, primero las aguas, después los cielos y embravecida por una huida épica salir hacia el espacio exterior.
La embarcación se deslizaba entre invisibles corrientes magnéticas. Con un rumbo hacia lo inexplorado. El polvo cósmico se difuminaba ligeramente en lo absoluto del vacío, mientras el bote sideral avanzaba veloz e inexorablemente, alejándose de un pequeño planeta. La sinapsis de los gases en la estela, tenía un reducto emocional, melancólico, producto del estado de ánimo de Dagda, su capitán y único tripulante.
Dagda nunca hubiese imaginado efectuar aquel milagro. Con un leve movimiento de manos, dejar su mente en albo y apenas declamar exiguas palabras que aprendió en obras milenarias, había conseguido evitar una muerte segura. El primer sorprendido fue él, cuando presenció con incredulidad cómo aquel sortilegio funcionaba, encabritaba al bote y lo convertía en inaccesible para sus perseguidores.
Recordaba cómo hacía un par lunas, había cambiado mucho el comportamiento de sus vecinos. Toda la aldea se vio zarandeada con la llegada de una singular especie de la que ellos conocían por compendios de viajeros, pero que nunca habían alcanzado a vislumbrar.
La desconfianza prendió entre ellos cómo un fuego en un techo de paja. Algunos se alejaron con los humanos recién llegados y otros no volverían a ser los mismos. No estaban al tanto de lo qué relataban aquellos seres más bajitos, pero no albergaba dudas que lo obtenido fuese bueno cuando la desazón y las enemistades progresaban entre los de su pueblo.
Dos fugaces soles después, se encontraban en una guerra contra esos nuevos inquilinos que así mismo se hacían llamar humanos. Y tras una luna entera ya habían batallado lo suficiente cómo para saber que necesitarían de todo su conocimiento para transformar a un pacífico pueblo en improvisados guerreros dispuestos a defender no sólo su aliento, sino también la forma de vida que llevaron sus padres, la que siempre conocieron y con la que de alguna forma veleidosamente fueron felices.
A él, como a sus semejantes, el ataque final los alcanzó por sorpresa. Dagda estaba en el embarcadero, observando unas plantas acuáticas que flotaban y además mostraban hermosas flores blancas que se abrían cómo para recibir con una cordial bienvenida a cualquier caminante que se parase a contemplarlas.
Hacía un par de soles que no asumían noticias de los invasores por lo que cada uno volvió a reposar y a estar ocupado en las tareas propias anteriores a que estallara el conflicto. Parecía que la calma había vuelto, cómo un paréntesis que les recordaba lo que un día fueron, lo que nunca debieron transformar, al contaminar su esencia por aprensiones materiales que les denostaban, por baratas envidias que les traerían caras consecuencias.
Se levantó una suave brisa, como precediendo a una tormenta. Un guardia, a la entrada de la empalizada de madera que rodeaba la aldea salió apresuradamente hacia sus compañeros amordazados que se agitaban sin rumbo fijo por las vendas en los ojos. Los tejados eran encendidos por teas que arrojaban sin piedad hombres ataviados de guerra. Ante el ruido y tumulto producido por los jinetes, los Tuatha salieron sorprendidos a enterarse de lo que estaba ocurriendo.
Fueron cayendo cómo los cereales en la siega. La sangre y el hedor comenzaban a invadirlo todo. Dagda alzó la mirada en derredor suyo y el espectáculo era espeluznante. Muerte y destrucción engullían a su aldea y a sus habitantes con una velocidad pasmosa.
Sin tiempo para reaccionar cogió su bolsa de herramientas, que nunca abandonaba, y se lanzó a la carrera. Asió una planta que se encontraba en una maceta y sin detenerse se introdujo en una barca varada en la orilla del lago.
Mientras desplegó la vela y salió a soltar el cabo, algunos jinetes se fijaron en él y con odio en sus ojos, con espadas empuñadas en sus manos se lanzaron al galope. Dagda fue consciente de que no gozaría de tiempo suficiente para obtener una exitosa fuga. Las calles rebosaban cuerpos en el suelo, de los que hasta hace muy poco podía llamar sus amigos. Y nada era capaz de detener aquello.
Fue esa razón la que le indujo a actuar con singular velocidad. Sólo algo tan ilógico y descabellado como original tendría algún viso de triunfo como para escapar con vida. Y eso fue lo que intentó. Se acordó, de repente, de un hechizo que había visto en un libro muy antiguo para “Ser más veloz que el viento” cuando una vez puesto en práctica… Funcionó.
(Continuará…)


Chema García Sáez


Safe Creative #1005216358654

"El reloj de arena" de Jorge Luis Borges






Está bien que se mida con la dura
 sombra que una columna en el estío
arroja o con el agua de aquel río
en que Heráclito vio nuestra locura.

El tiempo, ya que al tiempo y al destino
se parecen los dos: la imponderable
sombra diurna y el curso irrevocable
del agua que prosigue su camino.

Está bien, pero el tiempo en los desiertos
otra substancia halló, suave y pesada,
que parece haber sido imaginada
para medir el tiempo de los muertos.

Surge así el alegórico instrumento
de los grabados de los diccionarios,
la pieza de los grises anticuarios
relegarán al mundo ceniciento

 del alfil desparejo, de la espada
inerme, del borroso telescopio,
del sándalo mordido por el opio,
del polvo, del azar y de la nada.

¿Quién no se ha demorado ante el severo
y tétrico instrumento que acompaña
en la diestra del dios a la guadaña
y cuyas líneas repitió Durero?

Por el ápice abierto el cono inverso
deja caer la cautelosa arena,
oro gradual que se desprende y llena
el cóncavo cristal de su universo.

Hay un agrado en observar la arcana
arena que resbala y que declina
y, a punto de caer, se arremolina
con una prisa que es del todo humana.

La arena de los ciclos es la misma
e infinita es la historia de la arena;
así, bajo tus dichas o tu pena,
la invulnerable eternidad se abisma.

No se detiene nunca la caída.
Yo me desangro, no el cristal. El rito
de decantar la arena es infinito
y con la arena se nos va la vida.

En los minutos de la arena creo
sentir el tiempo cósmico: la historia
que encierra en sus espejos la memoria
o que ha disuelto el mágico Leteo.

El pilar de humo y el pilar de fuego,
Cartago y Roma y su apretada guerra,
Simón Mago, los siete pies de tierra
que el rey sajón ofrece al rey noruego,

todo lo arrastra y pierde este incansable
hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
de tiempo, que es materia deleznable.


Los Comuneros: Causas y desencadenación previa de los hechos




Mucho se ha escrito y prosigue durante estos días a tenor de la fecha en la que nos encontramos, 23 de abril. Hoy en día dependiendo de la parte de España en la que nos encontremos para algunos se tratará de la situación de una derrota histórica por parte de un rey absolutista, Carlos V, sobre una serie de sublevados urbanos que trataban de negarle el cobro de tributos necesario para pagar la elección que había tenido lugar en Aquisgrán como emperador por parte de su persona. Para otros una hagionomía (San Jordi) con la tradición de regalar una rosa. También el día del libro.

Un pequeño aporte sobre qué pasó realmente en cuanto a las Comunidades Autónomas que celebran la derrota de los comuneros en Villalar (como Castilla y León) es competencia de la historia y la máxima autoridad académica (ganada a pulso por sus trabajos históricos) en la materia sería Joseph Pérez.

Joseph Pérez tras su tesis doctoral de 1970 ha sido quien más y mejor ha tratado el tema desde una perspectiva histórica. Para éste gran maestro de ese tiempo, las motivaciones socio-económicas de la revuelta (enfrentamiento entre los exportadores de la periferia, e importadores del interior, sobre todo la lana y los productos artesanales) se pueden sintetizar en 4 grandes puntos:

- Se trata de un movimiento fundamentalmente "centro-castellano".
- Es un levantamiento básicamente urbano, al que se le suma un movimiento antiseñorial en el campo.
- La reorganización política pretendida por los Comuneros, presenta un signo moderno, revolucionario y marcado por el intento de limitar el poder arbitrario del monarca.
- La derrota se debió a la alianza entre la nobleza y la corona y trasciende el refuerzo de las tendencias absolutistas de los realistas.

Curiosamente donde en la actualidad se denominan "Comunidades Autónomas" las entidades administrativas regionales por razón del territorio y cuyos órganos colegiados ejecutivos "Juntas" deben algo más que su nombre precisamente a una espontánea organización administrativa que surgió entre 1520-1521. "Comunidades" fueron la agrupación de varios concejos y cómo forma de gobierno local las "Juntas" se encargaron de dicha administración. Y precisamente tras un período absolutista como fue el reinado de los Reyes Católicos, es donde surgirá por parte del pueblo la necesidad del alzamiento, del no reconocimiento del Rey y de su propia organización para autogestionarse.

Tampoco es casual que en 1812 las "Cortes de Cádiz" precisamente ante otro considerado vacío de poder con el entonces niño-Rey Fernando (que llegaría a ser Fernando VII)retenido en Bayona volverán a utilizarse de nuevo el nombre de "Juntas" y que actualmente se refieren a algo tan cotidiano como las "Juntas vecinales" que no dejan de tener el mismo espíritu en cuanto a lucha por tratar de una serie de mejoras entre los vecinos que pertenecen a dichas juntas.

Si echamos un vistazo general durante el siglo XVI se produce la pérdida de un peso específico de quien hasta hacía muy poco había generado riqueza y era el motor económico de aquella España que había quedado unificada en un mando compartido de igual a igual entre dos reinos, entre dos reyes, entre Isabel y Fernando. Esta pérdida de peso específico inversamente proporcional era aprovechada por la periferia para crecer a su costa. La crisis de la industria textil, la inoperatividad de las "Cortes". Incido en que por un lado está la Corte que acompañaba al soberano allá por donde iba (de ahí algunas situaciones curiosas como el apodo de Fernando III "el montesino" por que nació en el desplazamiento de la Corte al lado de Valparaíso -Zamora- en vez de en palacio como era costumbre)y por otro las "Cortes" hoy más conocidas como las "Cortes Generales" por que allí reside la soberanía del pueblo que, como democracia indirecta, es depositaria de la voluntad del pueblo español; pero de aquella la única competencia (y por supuesto no legislativa) era la presentación como 36 procuradores, representantes, de 18 ciudades (2 por ciudad, de aquella las ciudades con mayor importancia socioeconómica y demográfica de la Corona de Castilla). Dicha Corona albergaba a comienzos del siglo XVI alrededor de 4,5 millones de habitantes, frente al millón de la Corona de Aragón. Ciudades como Valladolid, Segovia, Palencia, Toledo, poseían una densidad de población de las más elevadas.

El progresivo desplazamiento de este centro hacia la periferia del centro de gravedad económico (en gran parte hacia Sevilla y Andalucía) unido a la crisis textil (falta de capital para invertir, negativa a utilizar medidas proteccionistas redundan en un pérdida de la calidad de la materia prima y en su falta de competitividad ante productos extranjeros, comienzo del decaimiento de las cabañas ganaderas, de las cañadas reales y de la mesta; de hecho reivindicaciones comuneras aseguraban que la exportación de la lana así tratada era más perjudicial que beneficiosa) junto a que Burgos a través de su Consulado tenía el monopolio de la salida de la lana, frente a Cuenca, Guadalajara, Palencia o Segovia que veían una competencia desleal por los monopolistas.

Los comuneros estaban integrados por reivindicaciones industriales-artesanales de las clases medias del centro frente a la alta burguesía de la periferia. Del otro lado del bando (los realistas) lo conformarían la aristocracia terrateniente, la burguesía de Burgos y el poder regio unidos por el interés común en seguir exportando así la lana.

Brevemente paso a explicar los acontecimientos previos que dieron lugar a la desencadenación de los hechos que fácilmente se pueden encontrar en un buen manual de historia, del propio Joseph Pérez o del recientemente fallecido Don Manuel Fernández Álvarez, historiador de gran talla y sin el cual las figuras de Felipe II, Juana la Loca o Carlos I para el conocimiento histórico no habrían llegado a donde están sencillamente (otra cuestión es que por ignorancia o vagancia mucha gente no quiera acercarse a ellos).

Tras la muerte de Isabel la Católica el 26 de noviembre de 1504 y tras el reconocimiento de la imposibilidad de gobernar de su hija Juana, asume el gobierno de la Corona de Castilla, respetando escrupulosamente el testamento de su mujer. Felipe el Hermoso (marido de Juana) tras presiones por parte de la nobleza y tras varios acuerdos y desacuerdos con Fernando el Católico logra reinar durante un año (si alguien se preguntaba por que Felipe II es Felipe II que quien fue Felipe I, aquí está el Conde de Borgoña más conocido como "El Hermoso"; y nuestro príncipe heredero de la actualidad si llega a reinar lo hará, previsiblemente, bajo el nombre de Felipe VII). Tras la repentina muerte del mencionado rey el Cardenal Cisneros, arzobispo de Toledo y por primera vez asume la regencia para devolvérselo a Fernando el Católico, pero en 1516 éste también muere.

Comienza una época de desestabilización interna que se agudiza, ciertos sectores de la nobleza ven su momento para recuperar los privilegios perdidos bajo los Reyes Católicos, tumultos, asesinatos, entre las familias más poderosas se ven acuciados ante el atado de pies y manos al que se ve sometido el regente puesto que los tutores legales del rey menor de edad (Carlos) los fomentan e impiden que el niño-Rey firme los edictos con las medidas para acabar con tales inestabilidades cómo la creación por parte de Cisneros de la "gente de ordenanza" una especie de Guardia Civil de la época, que pretendía crear, aunque no será hasta Isabel II en el siglo XIX cuando se dé origen a la Benemérita institución.

Lo que hoy en día se llamaría sin lugar a dudas un golpe de estado es lo que llevaron a cabo los tutores flamencos de Carlos I, precisamente al ser menor de edad éste, y unilateralmente (con la prohibición expresa del regente Cisneros y del Consejo Real) lo nombran Rey de España a la edad de 17 años. En 1517 llega a España por Villaviciosa. Poco antes de su llegada a España, ante el cariz de los acontecimientos, empieza a circular la idea de que si él es Rey y cómo súbditos hay que aceptarlo sin objeción, como Rey también debe jurar las libertades y fueros de España y los privilegios de las ciudades de ésta. Al llegar al Rey a Valladolid, la impresión no debía ser nada halagüeña, como resalta Manuel Fernández Álvarez, un muchacho rubio, con prognatismo pronunciado que le provocaba el adelantamiento del mentón y mostrar su boca abierta la mayor parte de las veces, junto con una mirada curiosa y sorprendida, el desconocimiento del idioma español provocó el rechazo de las masas aunque de momento sin expresarlo abiertamente.

Las "Cortes" convocadas por el regio muchacho acaban consiguiendo que Castilla abone en 3 años 600.000 ducados y Aragón 200.000. El no respeto por las costumbres, el nombramiento indiscriminado de altos cargos en manos exclusivamente flamencas, la pretensión de poner a un sobrino de un flamenco con 17 años como arzobispo de Toledo, la impunidad con la que actuaban los extranjeros iban sumando papeletas para adelantar las revueltas comuneras. Hecho clave sería la muerte de Maximialiano I (abuelo de Carlos I) y que otorgaba a este la posibilidad de convertirse en emperador. Pero la elección a emperador frente a Francisco I rey de Francia, no sería gratis, la compra de cargos, supondría un endeudamiento con los Függer de proporciones inverosímiles que por supuesto la Corona de Castilla se encargaría de abonar, para ello al año siguiente se nombran Cortes en Santiago de Compostela en 1520 para pagar los 220 millones de maravedíes que se exigían a lo que la postura general inicial es no reconocerlo como emperador, sí como rey de España, pero no hacerse cargo de semejante disparate y hundimiento económico. Juan de Padilla regente de Toledo se niega a ir a las Cortes, Salamanca por unos discursos eclesiásticos previos al acudir, se les niega la entrada, al resto presiones, amenazas, destituciones en el acto, consiguen su aprobación, pero ¿A qué precio?
Tras la vuelta de los regidores y corregidores a las ciudades castellanas el recibimiento es inaudito, revueltas, no reconocimiento regio, creación de Comunidades y Juntas para administrarse será el comienzo de casi dos años de una lucha que acabaría aplastada en Villalar, con el aniquilamiento de las tropas y con el apresamiento de sus cabecillas Juan de Padilla Juan Bravo y Maldonado Pimentel el 23 de abril de 1521 (ajusticiados al día siguiente) como relata la siguiente canción del grupo Lujuria:

y cómo dice el estribillo del Romance de los Comuneros:

1521
y en Abril para más señas,
en Villalar ajustician
a quienes justicia pidieran.
¡Malditos sean aquellos
que firmaron la sentencia!
¡Malditos todos aquellos
los que ajusticiar quisieran
al que luchó por el pueblo
y perdió tan justa guerra!
Desde entonces, ya Castilla
no se ha vuelto a levantar
¡ay, ay!
no se ha vuelto a levantar
en manos de rey bastardo
o de regente falaz,
¡ay, ay!
o de regente falaz,
siempre añorando una junta
o esperando un capitán
¡ay, ay!
o esperando un capitán.
Quién sabe si las cigüeñas
han de volver por San Blas,
si las heladas de Marzo
los brotes se han de llevar,
si las llamas comuneras
otra vez repicarán:
cuanto más vieja la yesca,
más fácil se prenderá,
cuanto más vieja la yesca
y más duro el pedernal:
si los pinares ardieron,
¡aún nos queda el encinar!



Si te ha gustado el post vótalo en

20 de abril de 2010




Por que conozco a alguna que otra amiga que ha nacido un 20 de abril no podía por menos de felicitarlas de esta manera. Un beso muy fuerte y un muy feliz cumpleaños haya donde estéis. Cómo dirían los Celtas Cortos: "Nos vemos en los bares ... "


20 de Abril del 90.
Hola, chata, ¿cómo estás?
¿Te sorprende que te escriba?
Tanto tiempo es normal.
Pues es que estaba aquí solo,
me había puesto a recordar,
me entró la melancolía
y te tenía que hablar.

¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo,
las risas que nos hacíamos antes todos juntos?
Hoy no queda casi nadie de los de antes,
y los que hay
han cambiado, han cambiado, sí.

Pero bueno, ¿tú qué tal? Di.
Lo mismo hasta tienes críos.
¿Qué tal te va con el tío ese?
Espero sea divertido.
Yo, la verdad, como siempre,
sigo currando en lo mismo.
La música no me cansa,
pero me encuentro vacío.

¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo,
las risas que nos hacíamos antes todos juntos?
Hoy no queda casi nadie de los de antes,
y los que hay
han cambiado, han cambiado, sí.

Bueno, pues ya me despido,
si te mola me contestas.
Espero que mis palabras
desordenen tu conciencia.
Pues nada, chica, lo dicho,
hasta pronto si nos vemos.
Yo sigo con mis canciones
y tú sigues con tus sueños.

¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo,
las risas que nos hacíamos antes todos juntos?
Hoy no queda casi nadie de los de antes,
y los que hay
han cambiado, han cambiado, sí.